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sábado, septiembre 19, 2009

SUICIDIO

SUICIDIO
El suicidio es una de las tres primeras causas mundiales de muerte en personas de 15 a 44 años.
El 10 de septiembre, al cumplirse el Día Mundial para la Prevención del Suicidio
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que un millón de personas se quitan la vida todos los años. La Argentina no es la excepción.
Tan sólo en 2007 hubo más de tres mil.
En todas las regiones del país se producen a diario este tipo de pérdidas.
Pero es la Patagonia la que encabeza las estadísticas nacionales.
Es por ello que Neuquén planea diseñar un plan de prevención que incluirá
una guía diseñada por personal médico, técnico,
de enfermería de hospitales y centros de salud de la provincia, para abordar estos casos
y asistir a las personas que perdieron a sus seres queridos.
La directora provincial de Atención Primaria de la Salud, Viviana Herrera, informó que, durante 2008,
en Neuquén se suicidaron once jóvenes de entre 15 y 20 años.
“Una de las características del suicidio es que suele involucrar a población joven”, dijo la funcionaria, preocupada por una problemática de “origen multifactorial” y disparada por diversos factores sociales y culturales.
La médica a cargo del programa de Salud Mental neuquino, Miriam Ciani,
sostuvo que el plan ideado busca
“socializar la información, identificar personas en riesgo y cómo abordarlas, generando a la vez factores protectores en escuelas y jardines de infantes”.
La atención de la postvención, momento posterior a un suicidio, encabeza la grilla de las preocupaciones por las secuelas que genera en las personas que deja atrás el suicida.
ALCANCE NACIONAL.
Hace seis años que la organización Red Solidaria y especialistas en salud mental lanzaron una campaña nacional de prevención y se plantaron frente al Gobierno para que ponga en marcha un plan de salud acorde a la problemática del suicidio.
Juan Carr, titular de esa ONG,
consideró al suicidio como “una epidemia oculta” ya que en Argentina "cada cuatro horas una persona se quita la vida y dos de cada tres muertes corresponden a chicos de entre 15 y 24 años".
“Es una tragedia que se puede prevenir en el 90 por ciento de los casos. El problema es que la sociedad no presta la atención necesaria”, sostuvo Carr a Críticadigital. A su vez se mostró sorprendido por las escalofriantes cifras que los números oficiales lanzan cada año.
A diferencia de Herrera, que se opone a que “se hagan notas sobre las particularidades de las situaciones de suicidio porque aumentan (los casos) por fenómenos de imitación en la gente más joven”, Carr es proclive a la difusión de los casos a través de la prensa, porque “así la gente cobra conciencia”.
Frente a la falta de un plan oficial integral de alcance nacional, la organización, junto con otras instituciones, aboga por la creación de un Ministerio de Salud del Suicidio, dedicado exclusivamente a esta problemática.
“Hace años que bregamos por el proyecto de ley pero hasta el momento no hemos tenido éxito”, explicó el responsable de Red Solidaria. Mientras el debate sigue abierto, el número de jóvenes víctimas continúa creciendo.
“SOBREDOSIS DE REALIDAD”.
Para la doctora Liliana Verónica Moneta, especialista en psiquiatría y psicología pediátrica,
“los chicos están enfermos de una sobredosis de realidad: la padecen más que los adultos.
El adolescente es el síntoma de nuestro tiempo y denuncia constantemente los errores del presente. Ellos se expresan para denunciar lo que está mal en la sociedad”.
La inestabilidad económica, la carencia de normas, de proyectos de vida y referentes claros profundizan la falta de valores para seguir adelante.
“Antes uno tenía valores y grupos que lo sostenían. Ahora, los chicos observan que esos valores no les sirvieron de continencia a sus padres y por eso suponen que a ellos tampoco les van a servir.
La generación de hoy es agnóstica”, explicó la médica.

Absuelta de la muerte de dos menores


BARCELONA.
El tribunal de la Sección Décima de la Audiencia Provincial de Barcelona ha decidido absolver a Yolanda A. de todos los delitos que se le imputaban en relación con la muerte de dos menores el 2 de abril de 1999, en Barcelona.Los hechos se remontan a la Semana Santa de aquel año, cuando Rosa María Artero, de 17 años, y Sandra Pérez, de 16, salieron del Centro de Acogida de Menores Vilana, dependiente de la Generalitat, y decidieron no regresar tras un permiso de salida del 31 de marzo.
En veinticuatro horas, las jóvenes pasaron de la sensación de libertad a ser víctimas de una muerte que ni podían imaginar.
El 1 de abril habían entrado en contacto con Yolanda A. en la calle Sant Ramon, en el barrio del Raval. Las chicas le dijeron que no sabían dónde iban a dormir aquella noche y ella les ofreció la posibilidad de pasarla en su casa, en la calle Valldemosa, en Nou Barris.
Las menores acudieron allí y a la mañana siguiente las encontraron muertas en un parque cercano.
Las pruebas periciales detectaron una ingesta de metadona, que en el caso de Rosa María se sumó a un número indeterminado de pastillas Trankimazin.
La sobredosis les provocó congestión visceral generalizada, edema pulmonar y cerebral que determinó una parada cardiorrespiratoria a eso de las 9.00 horas del día 2.
No hay nada probado
El tribunal da por probado que las menores y Yolanda A. se encontraron y estuvieron en la vivienda de ésta, pero no que fuera ella quien les proporcionó la metadona,
ya que la sustancia pertenecía a Armando Carlos Pascual,
quien seguía un tratamiento de desintoxicación y el día del suceso llevaba tres botes encima porque le habían entregado esa cantidad en el C.A.S. Garbivent para que él se la administrara en los días de vacaciones de Semana Santa que quedaban hasta el lunes día 5.
Armando, alias «Lilia» en los ambientes travestis, y otras tres personas sin identificar consumieron cocaína aquella noche junto con Yolanda A., lo que ha hecho más difícil al tribunal señalar quién provocó la sobredosis de las menores,
si tal vez fueron ellas mismas las que generaron la situación.
Tampoco se da por probado que Yolanda A. obtuviera los botes amenazando con un «cutter» a «Lilia».
Ellas durmieron solas en el piso aquella noche y en el caso de Rosa María Artero, el Departamento de Justicia sabía que antes de entrar en el centro de menores había consumido cannabis, cocaína, heroína y drogas sintéticas.
Yolanda A. queda absuelta así de todos los delitos: robo con intimidación y uso de arma,
contra la salud pública, contra la Administración de Justicia,
doble homicidio por imprudencia, faltas de lesiones y hurto.

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